La soledad… Café Filomania, 9 de junio 2016

 

LA SOLEDAD, café filosófico Filomania. Corte Inglés Portal de l’Àngel Barcelona – 9 de junio de 2016

  1. Bienvenida y presentaciones

Se inicia puntualmente el café filosófico con unas palabras de bienvenida que Katrina Rodríguez dirige a los asistentes. Presenta al filósofo conductor del philocafé, Humbert Ruiz de www.mimesis.cat, y apunta algunas normas básicas para las intervenciones y el correcto desarrollo del café filosófico. Acto seguido da la palabra al conductor para iniciar propiamente la reflexión sobre La Soledad.

 

  1. Definición y naturaleza

Antes de iniciar una breve introducción al tema de la soledad el conductor pide a los asistentes que escriban en un papel una palabra, una frase simple… que completen la siguiente afirmación “la soledad es…” Tras la recogida de los escritos y tras una rápida lectura de algunos de ellos el conductor constata una doble naturaleza en la soledad.

Tristeza, enemigo del ser humano, abandono, estar vacío, absència de calor humà, desespero, aislamiento, angustia, indiferencia…

Relax, conocimiento de uno mismo, creativa, inspiración, espiritual, compañía, libertad, tu mismo, dialogo consigo mismo, reflexión…

“Un mal indispensable” apunta uno de los escritos… Parece, dice el conductor, como si la soledad fuera la propia Pandora, a la que Zeus llama el bello mal. De naturaleza contradictoria, la sociable soledad nos aparece como compleja, ambigua, escurridiza y muchas veces envuelta en paradojas: me siento solo en medio de mucha gente o ni en un desierto me siento solo.

A la vista de los escritos de los asistentes, comenta Humbert Ruiz, la soledad es castigo y tortura para unos o estado anhelado por otros. Y en todo caso, un tema profundamente humano ante el cual la definición de diccionario RAE resulta pobre y del todo insuficiente.

Que mejor que un café filosófico para dimensionar la soledad humana y afrontar el tema desde el diálogo y la reflexión filosófica, abriendo puertas a otras disciplinas como la psicología, antropología, sociología, geriatría, neurología…  y también desde la poesía, la literatura, la pintura, el cine o el arte en general.

  1. Filósofos: en qué sentido hablan o viven de la soledad

Antes de dar paso a las intervenciones de los asistentes el conductor se permite esbozar una clasificación de los filósofos según la relación que mantenían con la soledad.

Un gran grupo lo constituyen los que quieren estar o están solos. Incluye aquí a un Nietzsche condenado a la soledad  “Las ideas al uso, las morales que encubrían la humana realidad, condenaron a Nietzsche a vivir en una soledad absoluta de donde no puede volver. Pero en su soledad de enamorado, atacó sin tregua a todo lo que le separaba de la convivencia de los hombres. Amó sin tregua ni descanso por encima de sus propias ideas, de sus propias doctrinas. Tal fue su tragedia[1]

En esta tragedia Nietzsche nos recuerda “Dice Aristóteles que para vivir en soledad hay que ser animal o dios. Falta aclarar que hay que ser lo uno y lo otro: filósofo”[2]

También está Cioran  “Fuera de la música, todo, incluso la soledad y el éxtasis, es mentira. Ella es justamente ambos, pero mejorados.” Y, seguramente al más representativo defensor de la soledad, Schopenhauer: “La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes”[3] o “Sólo se puede ser totalmente uno mismo mientras se está solo: quien, por tanto, no ama la soledad, tampoco ama la libertad; pues únicamente si se está solo se es libre”[4]

Otro grupo, mucho menos numeroso, son los que más que solos lo que quieren es estar muertos. Seguramente algunos existencialistas extremos donde la abrumadora omnipotencia de Lo Otro imposibilita la salvación en este mundo, haciendo incluso que la propia soledad surja como estado de imposible realización. “L’enfer, c’est les autres” Grita Sartre frente a la puerta cerrada[5]. O los que como Camus o Deleuze que intentan asaltar la absurdidad del mundo desde la tanatofilia o el suicidio.

Otro grupo bastante grande y actual son los que como Sócrates o Platón prefieren las compañías reducidas y selectas. Discretos y selectos en las compañías algunos afirmarían que “mejor solo que mal acompañando” y otros flirtearían con el elitismo, llegando delegar la soledad individual al grupo volviendo a éste solitario y reacio respecto a otros grupos.

Por último, más reducido que el anterior, el grupo de los más sociables. El conductor vuelve a citar a Nietzsche, en este caso como crítico con la soledad “Hay que volver a la muchedumbre, su contacto endurece y pule, la soledad ablanda y pudre”

Es curioso que el filósofo conocido como Ἀναγνώστης  (anagnostes – lector), paradigma de persona solitaria, sea el que mejor representa al grupo.  Aristóteles que con su definición de hombre como ζῷον πoλιτικόν (zoon politikón – animal político) nos avisa de que la soledad no es un estado deseado…

De todo esto es evidente que la ciudad es una de las cosas naturales, y que el hombre es por naturaleza un animal social, y que el insocial por naturaleza y no por azar es o un ser inferior o un ser superior al hombre. Como aquel a quien Homero vitupera: Sin tribu, sin ley, sin hogar, porque el que es tal por naturaleza es también amante de la guerra, como una pieza aislada en el juego de damas.

Y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios

La razón por la cual el hombre es un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier animal gregario, es evidente: la naturaleza, como decimos, no hace nada en vano y el hombre es el único animal que tiene la palabra. Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad.

Aristóteles, Política, Madrid, Biblioteca Básica Gredos, 2000, 1253 a

[1] http://www.raco.cat/index.php/Aurora/article/viewFile/260749/347934

[2] El crepúsculo de los ídolos

[3] El mundo como voluntad y representación. Prólogo a la 2ª edición.

[4] El amor y otras pasiones

[5] Huis Clos

ESPACIO DE PARTICIPACIÓN

Dado que el café filosófico contó con la asistencia de más de 70 personas y fueron muchísimas las aportaciones y reflexiones realizadas no se puede sino pedir disculpas a todos los asistentes por el presente escrito. Las palabras que continúan y a pesar de la gratitud debida no son más que un pálido reflejo de una compañía inmensa en una tarde de conversación amable e infinita.

La primera ronda de intervenciones se centra en aportar situaciones de soledad en sentido positivo y negativo. Surgen ejemplos de ambas sentidos de soledad en la línea de los escritos: + Escritor aislado, creativos, ascetas… – aislamiento como técnica primordial de tortura, separación de grupo, castigo escolar…

Un primer debate surge sobre la pregunta: ¿Hay dos o tres o más tipos de soledad? Algunas reflexiones ponen de manifiesto la distinción entre una soledad física y otra más de sentimiento o subjetiva. La física es caracterizada como estado físico, de entorno o corporal. Algunos participantes defendían “los momentos de soledad” relacionándolos con la intimidad, tiempo de reflexión, silencio, naturaleza, música o lectura. Respecto a la soledad subjetiva los participantes la caracterizan como un sentimiento o estado de ánimo. En muchas ocasiones tiene una connotación negativa o no deseable ya que se asocia a situaciones sociales de exclusión o incomprensión como la orientación sexual, cultura, edad, sexo. También hubo quien señaló la necesaria y compleja relación que surge entre ambas.

Unas palabras del conductor sobre una posible soledad existencial, ontológica que dicen algunos metafísicos e incurable para otros. ¿El ser esta solo o es quizás la nada?, ¿ser en la nada… o vértigo existencial?…

Varios debates más se fueron cruzan sobre lo que podríamos Soledades Particulares o situacionales. Especialmente emotivos los testimonios de de las personas que hablaron de su experiencia de soledad en la edad de adulta. O los que recordaron la adolescencia como una época de incomprensión y solitud. Otros mencionaron algunos trabajos o actividades asociadas a una práctica en soledad como el pastoreo, el farero, el escritor o los ascetas. Seguramente quedaron otras muchas por debatir y comentar como la soledad de los solteros o la soledad del líder.

También se hicieron presentes algunas reflexiones en torno a la sociedad actual hiperconectada donde parece imposible desconectar o encontrar lugares y momentos de soledad. Sin apenas tiempo ya algunas voces manifestaron las bondades de las tecnologías para mitigar la soledad mientras que otras alertaban de los peligros de una sociedad solo acompañada por entes digitales. El mundo de mónadas soñado por Leibniz.

Perlas de los asistentes

La soledad de dos en compañía.

La soledad es la imposibilidad de comunicar experiencias vitales.

Cuando la soledad acompaña y el silencio habla.

Si quieres viajar a las estrellas no busques compañía.

Si quieres llegar rápido viaja solo. Si quieres llegar lejos viaja en compañía.

Próximo tema

Por una mayoría abrumadora el tema del próximo café filosófico es: El Alma

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