La Nàusea de J.P. Sartre, Tast de Filosofia 26-oct-17

Debe, por tanto, existir un ser – que no puede ser el para-sí – y que tenga como propiedad el níhilizar (negar) la nada, soportarla en su ser y construirla contínuamente de su existencia, un ser por el cual la nada venga a las cosas.

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Nota introductoria a la condición existencial

El hombre en la tradición cristiana : a imagen y semejanza de dios. La criatura última… la cumbre de la creación que le da poder sobre toda ella.

En la tradicción griega: es descendiente de grandes titanes, dioses olimpicos y otros seres fabulosos… Genealogia de Hesiodo… mito platonico de Prometeo y Epimeteo

ANTECEDENTS

  • Endiosament de Nietzsche… la mort de Deu

Al igual que ahora los animales hablan y la tierra da leche y miel, también en él resuena algo sobrenatural: se siente dios, él mismo camina ahora tan estático y erguido como en sueños veía caminar a los dioses. El ser humano no es ya un artista, se ha convertido en una obra de arte: para suprema satisfacción deleitable de lo Uno primordial, la potencia artística de la naturaleza entera se revela aquí bajo los estremecimientos de la embriaguez. El barro más Pròlogo a Richard Wagner 47 noble, el mármol más precioso son aquí amasados y tallados, el ser humano, y a los golpes de cincel del artista dionisiaco de los mundos resuena la llamada de los misterios eleusinos: «¿Os postráis, millones? ¿Presientes tú al creador, oh mundo?»

Friedrich Mietzsehe, El nacimiento de la tragedia Pròlogo a Richard Wagner

 

  • Vida autèntica i de coratge de viure angoixat de Heidegger… Angoixa… ser temps… el ser a la mort es superat per un ser heroicament angoixat

  • La nàusea de Sartre… ser i el no-res… polític… ser a la mort es superat per un ser regurgitat

  • Alber Camus… el problema veritable de la filosofia es el suïcidi. L’existencialisme, i en especial aquesta proposta radical, retorna l’activitat filosòfica a allò propiament huma, a la seva existencia al món… preguntar-se per què i per a què… sense quartades teòriques, polítiqueshistòriques o personals o interessades… el ser a la mort es planta davant de la mort.

 

Filosofia i la mort

  • Filosofia tanatofílica: Cioran…
  • Filosofia de la vida: Epicur… no cal teme al mort dons no està… la gran majoria.
  • Filosofia escèptica: Witgentein no es viu la mort… reflexió crítica sobre l’ànima inmortal

6.4312 La inmortalidad temporal del alma humana, esto es, su eterno sobrevivir aun después de la muerte, no solo no está garantizada de ningún modo, sino que tal suposición no nos proporciona en principio lo que merced a ella se ha deseado siempre conseguir. ¿Se resuelve quizás un enigma por el hecho de yo sobreviva eternamente? Y esta vida eterna ¿no es tan enigmática como la presente? La solución del enigma de la vida en el espacio y en el tiempo está fuera del espacio y del tiempo. (No son los problemas de la ciencia natural los que hemos de resolver aquí.)

 

Filosofia de Sartre i l’existencialisme

Debe, por tanto, existir un ser – que no puede ser el para-sí – y que tenga como propiedad el níhilizar (negar) la nada, soportarla en su ser y construirla contínuamente de su existencia, un ser por el cual la nada venga a las cosas.

 

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FRAGMENTOS

“La náusea” de Jean Paul Sartre (Colección Premios Nobel – © Colección Gallimard, París, 1946 – © Editorial Losada, Buenos Aires, 1947)

Hoja sin fecha

Pienso que éste es el peligro de llevar un diario: se exagera todo, uno está al acecho, forzando continuamente la verdad. Pág. 13

Diario

El que vive solo ni siquiera sabe qué es contar; lo verosímil desaparece al mismo tiempo que los amigos. Pág. 21

Me admira cómo se puede mentir poniendo a la razón de parte de uno. Pág. 23

No tengo costumbre de contar lo que me sucede, por eso me resulta difícil encontrar la sucesión de los acontecimientos, no distingo lo que es importante. Pág. 23

Los objetos no deberían tocar, puesto que no viven. Uno los usa, los pone en su sitio, vive entre ellos; son útiles, nada más. Y a mí me tocan; es insoportable. Tengo miedo de entrar en contacto con ellos como si fueran animales vivos. Pág. 25

Ahora veo; recuerdo mejor lo que sentí el otro día, a la orilla del mar, cuando tenía el guijarro. Era una especie de repugnancia dulzona. ¡Qué desagradable era! Y procedía del guijarro, estoy seguro; pasaba del guijarro a mis manos. Sí, es eso, es eso; una especie de náusea en las manos.

 

Jueves por la tarde

Lentos, perezosos, fastidiados, los hechos se acomodan en rigor al orden que yo quiero darles; pero éste sigue siendo exterior a ellos. Tengo la impresión de hacer un trabajo puramente imaginativo. Además, estoy seguro de que los personajes de una novela parecerían más verdaderos; en todo caso, serían más agradables. Pág. 28

…me ilumina por dentro una luz empobrecedora. Pág. 29

Tal vez sea imposible comprender el propio rostro. ¿O acaso es porque soy un hombre solo? Los que viven en sociedad han aprendido a mirarse en los espejos, tal como los ven sus amigos. ¿Yo no tengo amigos; ¿por eso es mi carne tan desnuda? Sí, es como la naturaleza sin los hombres. Pág. 33

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Las cinco y media

Otra vez la suciedad, la Náusea. Pág. 33

– ¿Qué toma usted, señor Antoine?

Entonces me dio la Náusea: me dejé caer en el asiento, ni siquiera sabía dónde estaba; veía girar lentamente los colores a mi alrededor; tenía ganas de vomitar. Y desde entonces la Náusea no me ha abandonado, me posee. Pág. 34

La Náusea no está en mí; la siento allí en la pared, en los tirantes, en todas partes a mi alrededor. Es una sola cosa con el café, soy yo quien está en ella. Pág. 35

… sobre todo la manera brusca de arrojarse hacia adelante, como un acantilado contra el mar. Pág. 37

Comienzo a calentarme, a sentirme feliz. Todavía no es nada extraordinario, es una pequeña dicha de Náusea: se despliega en el fondo del charco viscoso, en el fondo de nuestro tiempo. Pág. 37

…la música horada esas formas vagas y las traspasa. Pág. 38

Qué extraño, qué conmovedor que esta duración sea tan frágil. Nada puede interrumpirla y todo puede quebrantarla. Pág. 38

Cuando la voz se elevó en silencio, sentí que mi cuerpo se endurecía; y la Náusea se desvaneció. Pág. 38

… todas las masas blandas que se mueven espontáneamente. Pág. 41

La Náusea, se ha quedado allá, en la luz amarilla. Soy feliz; este frío es tan puro, tan pura la noche; ¿no soy yo mismo una onda de aire helado? No tener ni sangre, ni linfa, ni carne. Deslizarse por este largo canal hacia aquella palidez. Ser sólo frío. Pág. 43

Yo no puedo recibir de estas soledades trágicas nada más que un poco de pureza vacía. Pág. 44

Me iluminé; comprendo el método del Autodidacto; se instruye por orden alfabético. Pág. 45

Veo el porvenir. Está allí en la calle, apenas más pálido que el presente. ¿Qué necesidad tiene de realizarse? ¿Qué ganará con ello? Pág. 49

A veces acierto a pronunciar en mi relato esos hermosos nombres que se leen en los atlas: Aranjuez o Canterbury. Provocan en mi imágenes nuevas, como las que conciben, según sus lecturas, las personas que nunca han viajado; sueño basándome en palabras, eso es todo. Pág. 51

Señor, creo que la aventura puede definirse así: un acontecimiento que sale de lo ordinario sin ser forzosamente extraordinario. Pág. 54

… qué cimas alcanzaría si mi propia vida constituyera la materia de la melodía. Pág. 57

 

Sábado, mediodía

… para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es lo que engaña a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias; vive rodeado de sus historias y de las ajenas, ve a través de ellas todo lo que le sucede, y trata de vivir su vida como si la contara. Pero hay que escoger: o vivir o contar. Cuando uno vive, no sucede nada. Los decorados cambian, la gente entra y sale, eso es todo. Nunca hay comienzos. Pág. 58

Esto es vivir. Pero al contar la vida, todo cambia; sólo que es un cambio que nadie nota; la prueba es que se habla de historias verdaderas. Como si pudiera haber historias verdaderas; los acontecimientos se producen en un sentido, y nosotros los contamos en sentido inverso. Pág. 59

He querido que los momentos de mi vida se sucedieran y ordenaran como los de una vida recordada. Tanto valdría querer agarrar el tiempo por la cola. Pág. 60

Las verdaderas señores no conocen el precio de las cosas; gustan de las hermosas locuras; sus ojos son bellas flores, cándidas flores de invernáculo. Pág. 66

Usted es de los que contestan antes de que les pregunten. Pág. 67

… tenían un solo día para borrar las arrugas, las patas de gallo, los pliegues amargos que deja el trabajo de la semana. Pág. 74

Me pregunté un instante si no iba yo a amar a los hombres. Pero, después de todo, era el domingo de ellos, no el mío. Pág. 75

El domingo declinante les ha dejado un gusto a ceniza, y piensan ya en el lunes. Pero para mí no hay ni lunes ni domingo; hay días que se empujan en desorden, y de pronto, relámpagos como éste. Pág. 76

Estoy solo, pero camino como un ejército que irrumpiera en una ciudad. Pág. 77

Lunes

No necesito hacer frases. Escribo para poner en claro ciertas circunstancias. Desconfiar de la literatura. Hay que escribirlo todo al correr de la pluma, sin buscar las palabras. Pág. 78-79

En suma, se habla mucho del famoso transcurso del tiempo, pero nadie lo ve. Pág. 79

El sentimiento de la aventura sería, simplemente, el de la irreversibilidad del tiempo. Pág. 79

No estimo bastante las investigaciones históricas para perder el tiempo con un muerto cuya mano no me dignaría tocar si estuviera vivo. Pág. 81

El pasado es un lujo de propietario. Pág. 89

Mi cuerpo es lo único que poseo; un hombre solo, con su cuerpo, no puede detener los recuerdos; le pasan a través. No debería quejarme; sólo quise ser libre. Pág. 89

El doctor tiene experiencia; los médicos, los sacerdotes, los magistrados y los oficiales conocen a los hombres como si los hubieran hecho. Pág. 92

Y a los cuarenta años bautizan sus pequeñas obstinaciones y algunos proverbios con el nombre de experiencia;

Cuando queremos comprender una cosa, nos situamos frente a ella. Solos, sin ayuda; de nada podría servir todo el pasado del mundo. Y después la cosa desaparece y lo que hemos comprendido desaparece con ella. Pág. 94

Jueves

No reflexionar demasiado en el valor de la Historia. Uno corre el riesgo de hastiarse con ella. Pág. 95

Ese hombre había vivido para sí. Como castigo severo y merecido, nadie había ido a cerrarle los ojos en su lecho de muerte. Pág. 110

Pues habían tenido derecho a todo: a la vida, al trabajo, a la riqueza, al mando, al respeto y, para terminar, a la inmortalidad. Pág. 110

¡Qué magníficos ojos grises! Jamás había pasado por ellos la sombra de una duda. Pág. 112

… al pasar al rango de derecho, el placer perdía su agresiva futilidad. Pág. 112

… la Experiencia es mucho más que una defensa contra la muerte; es un derecho: el derecho de los ancianos. Pág. 114

“El país -dijo en un discurso célebre- padece la enfermedad más grave; la clase dirigente ya no quiere mandar”. Pág. 120

“Lo he dicho muchas veces: mandar no es un derecho de la élite sino su principal deber. Señores, os conjuro: ¡restauremos el principio de autoridad!”. Pág. 120-121

Para mí el pasado sólo era un retiro, otra manera de existir, un estado de vacaciones y de inactividad… Pág. 125

Ahora sabía: las cosas son en su totalidad lo que parecen, y detrás de ellas… no hay nada. Pág. 125

De Rollebon era mi socio: él me necesitaba para ser, y yo lo necesitaba para no sentir mi ser. Yo proporcionaba la materia bruta, esa materia bruta que tenía para la reventa, con la cual no sabía qué hacer: la existencia, mi existencia. Su arte era representar. Permanecía frente a mí y se había apoderado de mi vida para representarme la suya. Pág. 128

Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso… y no puedo dejar de pensar. Pág. 130

… ahora mi edad me permite enternecerme por la juventud de los demás. Pág. 139

Pronto constituirán entre los dos una sola vida, una vida lenta y tibia que ya no tendrá ningún sentido, pero no se darán cuenta. Pág. 139

El humanista llamado “de izquierda” considera su principal cuidado velar por los valores humanos; no pertenece a ningún partido, porque no quiere traicionar lo humano, pero sus simpatías se inclinan a los humildes; a los humildes consagra su bella cultura clásica. Pág. 150

El escritor comunista ama a los hombres después del segundo plan quinquenal; castiga porque ama. Pág. 150

El humanista católico, el rezagado, el benjamín, habla de los hombres con aire maravillado. Pág. 150

… el filósofo humanista, que se inclina hacia sus camaradas como un hermano mayor, y que conoce sus responsabilidades; el humanista que ama a los hombres tal como son, el que los ama tal como deberían ser, el que quiere salvarlos con su consentimiento y el que los salvará a pesar de ellos… Pág. 150

El misántropo es hombre; por lo tanto, el humanista ha de ser en cierta medida misántropo. Pero es un misántropo científico, que ha sabido dosificar su odio, que odia primero a los hombres para poder amarlos después. Pág. 152

Es extraño que todo me dé lo mismo; me espanta. Pág. 157

Un sacerdote avanza a pasos lentos, leyendo su breviario. Por momentos levanta la cabeza y mira el mar con aire aprobador: también el mar es un breviario, habla de Dios. Pág. 159

El verdadero mar es frío y negro, lleno de animales; se arrastra bajo esta delgada película verde hecha para engañar a las gentes. Pág. 159

Desearía tanto abandonarme, olvidarme, dormir. Pero no puedo, me sofoco: la existencia me penetra por todas partes, por los ojos, por la nariz, por la boca… Pág. 161

… yo estaba de más para toda la eternidad. Pág. 164

… pensaba sin palabras en las cosas, con las cosas. Pág. 164

En realidad, todo lo que pude comprender después se reduce a este absurdo fundamental. Pág. 165

Lo esencial es la contingencia. Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. Pág. 167

No me disgustaba ver algo en movimiento; me desviaba de todas aquellas existencias inmóviles que me miraban como ojos fijos. Me decía, siguiendo el balanceo de las armas: los movimientos nunca existen del todo, son pasos intermediarios entre dos existencias, tiempos débiles. Pág. 168

… la existencia no tiene memoria, no conserva nada de los desaparecidos ni siquiera un recuerdo. Pág. 169

Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad. Pág. 170

… la existencia es un lleno que el hombre no puede abandonar. Pág. 170

-Lo sé. Sé que nunca más encontraré nada ni nadie que me inspire pasión. Tú sabes que ponerme a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera… Hasta hay un momento, al principio mismo, en que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace. Sé que nunca más saltaré. Pág. 183-184

Cuando representábamos el aventurero y la aventurera, tú eras aquel a quien suceden aventuras, yo la que las hace suceder. Pág. 190

-Vivo el pasado. Vuelvo a tomar todo lo que me ha sucedido y lo arreglo. De lejos, así, no está mal, uno casi se dejaría posesionar. Toda nuestra historia es bastante buena. Le doy unos toques y sale una serie de momentos perfectos. Entonces cierro los ojos y trato de imaginarme que vivo todavía dentro. Pág. 192

No estoy simplemente abrumado porque la dejo; tengo un miedo horrible de volver a mi soledad. Pág. 194

Martes, en Bouville

Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte. Pág. 197

Cien veces por día tienen la prueba de que todo se hace mecánicamente, que el mundo obedece a leyes fijas e inmutables. Pág. 199

… piensan en Mañana, es decir, simplemente en un nuevo hoy… Pág. 199

Estoy entre dos ciudades: una me ignora, la otra ya no me conoce. Pág. 212

La conciencia existe como un árbol, como una brizna de hierba. Dormita, se aburre. La pueblan pequeñas existencias fugitivas, como pájaros en las ramas. Pág. 212-213

… hacer algo es crear existencia, y ya hay bastante existencia. Pág. 217

Para mí son un poco como muertos, un poco como héroes de novela; se han lavado del pecado de existir. Pág. 222

Otra clase de libro. No sé muy bien cuál, pero habría que adivinar, detrás de las palabras impresas, detrás de las páginas, algo que no existiera, que estuviera por encima de la existencia. Por ejemplo, una historia que no pueda suceder, una aventura. Tendría que ser bella y dura como el acero, y que avergonzara a la gente de su existencia. Pág. 223

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